Coleccionismo (I). Colección = inversión.

Miércoles, 1 Octubre   

Comenzamos una serie de entregas sobre el coleccionismo de monedas, en la que se pretende dar unas pequeñas pautas generales para todos aquellos interesados en comenzar su colección o en mantener y ampliar la que ya poseen.

Una de las primeras aseveraciones que debemos tener en mente es que en el mundo de las monedas colección=inversión. ¿Y esto por qué? Es sencillo, y se puede explicar con la llamada ley de la oferta y la demanda.

* Cada moneda pertenece siempre a un conjunto limitado de piezas: incluso la más común (imaginemos 1 céntimo de euro) tiene fecha de acuñación que cambia cada año, delimitando así un conjunto cerrado de ejemplares. En el caso de monedas conmemorativas la tirada es infinitamente más reducida: por ejemplo, 15.000 ejemplares.
* El proceso de fabricación es complejo y comprende varias etapas, lo cual se refleja muchas veces en monedas con ligeros desperfectos o errores humanos en el diseño. Estas piezas se convierten rápidamente en objeto de deseo por multitud de coleccionistas en todo el mundo. Existen claros ejemplos que veremos más adelante.
* En algunos casos se realizan acuñaciones particularmente pequeñas. Por ejemplo, las monedas del estado Vaticano reflejan siempre la imagen del Papa vigente; tras la muerte de Juan Pablo II, y hasta la proclamación de Benedicto XVI se acuñaron algunas monedas con la inscripción “Sede Vacante”.
* Tan importante como es la adquisición de ejemplares lo es su conservación. Un cierto porcentaje de nuestra inversión debe dedicarse a la adquisición de un soporte de almacenaje conveniente, que evite el deterioro del metal con el paso del tiempo. El estado de conservación para tasar el precio de una moneda es crítico.

Es importante distinguir entre valor facial y valor de mercado. El primero se refiere a la cantidad que aparece reflejada en la pieza; por ejemplo, la última acuñación de la Fábrica de la Moneda, a fecha de hoy, conmemora la celebración del Campeonato de Europa de Baloncesto en España, y en ella puede leerse el valor “10 euro”: este es su valor facial, y es el valor mínimo que garantiza el Banco de España. Sin embargo, adquirir esta moneda en un establecimiento autorizado nos obliga a desembolsar alrededor de 45 euros, que es su valor de mercado, muy por encima de su facial. Es este valor de mercado el que se irá -generalmente- incrementando, dando valor a nuestra colección. En muchos otros casos ambos valores son -por el momento- iguales (por ejemplo, una moneda usada de 10 céntimos de euro acuñada en 2006).

Muy al contrario de lo que muchos piensan, iniciar una colección de monedas no supone un desembolso muy elevado: se pueden adquirir piezas interesantes de manera paulatina por poco dinero. Bien es cierto que una colección de sellos es más barata, pero la revalorización es también proporcional. Del mismo modo, una colección de billetes, sí supone un desembolso considerable de dinero, con la consiguiente revalorización.